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Laura Retamales

Laura Retamales

Sin duda la vocación es muy importante a la hora de decidir que carrera estudiar, sin embargo la empleabilidad (lo que requiere el mercado laboral) debe ser tomado en cuenta al decidir ya que permite, a partir de la carrera escogida, proyectar las posibilidades de encontrar empleo. Junto con lo anterior, se debe considerar el ingreso promedio una vez titulado. En este sentido, se estima que una carrera que tiene sobre un 70% de empleabilidad al primer año es un buen indicador (fuente: www.mifuturo.cl). 

A la hora de decidir qué carrera estudiar, deben agregarse otros aspectos tales como habilidades (lo que a uno le resulta fácil ya sea de manera natural o adquirida), intereses (lo que a uno le gusta o disfruta hacer) y el autoconocimiento (cómo a uno le gusta trabajar y relacionarse con los demás). 

Para escoger la institución educacional en la cual estudiar lo que se elija, se debe considerar aspectos como:

Acreditación: la acreditación es un factor importante a la hora de escoger dónde estudiar ya que una institución educacional al estar acreditada asegura el cumplimiento de su proyecto educacional así como la calidad de sus docentes, carreras impartidas e infraestructura (laboratorios, bibliotecas, centros de investigación, centros de práctica, etc.). Debe considerarse que tanto la institución como la carrera elegida se encuentren acreditadas.
La acreditación al certificar la calidad de la institución, es una herramienta de prestigio que beneficia al estudiante y egresado, brindándole mayores oportunidades laborales y profesionales, además de posibilitar un mayor acceso a becas y créditos como también programas de intercambio.
Es importante considerar que el proyecto de ley de educación superior enviado por el Gobierno al Congreso establece, entre otras cosas, que la acreditación de las instituciones, que hasta ahora era voluntaria, con la nueva legislación será obligatoria para las instituciones. 


Costos: se debe considerar el costo de matrícula, aranceles, materiales, etc. y que los valores de las carreras varían de una institución a otra. En este punto podría, según el caso, cobrar importancia el que la institución cuente con becas, créditos o acceso a gratuidad. 


Malla curricular: un punto significativo de analizar lo constituye el contenido y la malla curricular de las carreras para ver si corresponden a lo que se imagina. 


Horarios: para quienes estudien y trabajen, la flexibilidad de horarios será importante. 


Nosotros en Crisálida Coaching entendemos que los chic@s que darán la PSU, desean un futuro laboral que les de un propósito, una razón para levantarse cada día y ser más felices. Es por ello que nosotros los acompañamos a que tomen una decisión más informada conociendo mejor cuáles sus habilidades, intereses, y talentos, contando con un mayor autoconocimiento y entendiendo mejor cuál es el campo laboral de la carrera que escojan finalmente. 

 

La empatía, el arte de ponerse en el lugar del otro, es una de las competencias emocionales más demandada actualmente. Afecta nuestra capacidad de influencia, de comunicación, de negociación, de colaboración, de gestión de equipos y de liderazgo.

La empatía consiste en aprender a ponerse en el lugar del otro, conectar con sus sentimientos y con la forma en que vive las situaciones, entendiendo sus deseos y sus miedos. Consiste en estar centrado totalmente en el otro, escuchándolo a un nivel racional y emocional, percibiendo su lenguaje verbal y no verbal. Esto implica olvidarme de mi, detener mi diálogo interior, estar totalmente atento a lo que me dice y no pensar en lo que le voy a decir yo, o lo que le voy a preguntar a continuación.

Practicar la empatía nos ayuda a ampliar nuestras perspectivas y con ello a enriquecer nuestro mundo con nuevas ideas, puntos de vista así como oportunidades,. Es una habilidad social clave que nos permite escuchar mejor, comprender, y formular mejores preguntas, que son tres aspectos fundamentales de una buena comunicación y la base para construir relaciones sólidas y enriquecedoras.

Para ello te propongo estos sencillos ejercicios prácticos para mejorar tu empatía:

1.- Deja de escuchar durante 5 minutos y concentra tu atencion en el lenguaje no verbal.

Olvídate del significado de las palabras y atiende al resto de la información: capta el tono de voz, observa la postura corporal, la mirada, la expresión facial en su conjunto, los gestos, aprecia los silencios, déjales espacio para que surjan y se mantengan. Busca el significado detrás de todos estos gestos. Construye la historia, la conversación desde lo emocional, olvidándote de las palabras.

Una buena forma de empezar a practicar es ver escenas de películas sin voz e interpretar lo que le pasa a cada personaje. 

2.- Elige a una persona al azar e intenta imaginar lo que la mueve a hacer lo que hace y cómo lo hace.

Un buen momento para este tipo de ejercicio es cuando paseas, cuando estás en un transporte público, de compras en unos grandes almacenes o centro comercial, en una estación de tren, en el aeropuerto, en una cafetería. Estos lugares son ricos en escenas que nos pueden servir para poner en práctica nuestra empatía. Fíjate en alguien o en un grupo, observa lo que hacen e imagina que hay detrás de esa conducta, piensa en las dificultades que puede tener en su día a día, en cuales pueden ser sus miedos.

Puedes hacerlo también recordando alguna situación vivida en el pasado y ayudarte de la técnica de las 3 columnas: anota en una columna qué es lo que ha ocurrido realmente, los hechos; en la segunda columna registra cuál es tu opinión al respecto y en la tercera como crees que lo ve la otra persona, que opina ella.

3.-Comienza cualquier encuentro, cualquier conversación preguntando y mostrando interés por el otro, y deja espacio para que se abra y simplemente recibe.

¿Cómo estás? ¿Qué tal te ha ido estas últimas semanas? ¿Qué tal tu trabajo?

Acompaña estas preguntas de un lenguaje no verbal que demuestre interés y cercanía. Gira tu cuerpo hacia ella ofreciéndole toda tu atención. Mírale a los ojos y con interés, pero sin esperar nada.

Las preguntas juegan un papel muy importante en cualquier comunicación interpersonal: hacen sentir al receptor que tenemos interés en conocer sus ideas y sentimientos, que valoramos lo que piensa.

4.- No expongas tus opiniones sobre lo que te dicen

No se trata de lo que tú piensas, se trata de lo que él o ella creen o sienten. Evita expresiones del tipo “Tu problema es que...”, “Ya te dije que”, “Sabía yo que iba a pasar esto” “Creo que lo que te pasa es que…”

5.- Recoge y devuelve la emoción de las distintas personas con las que te encuentras a lo largo del día.

Puedes usar diferentes fórmulas como parafrasear y reformular su mensaje para conectar con la emoción que crees pueda estar experimentando.

Si te dicen “Estoy preocupado porque no me han llamado del hospital para darme los resultados”, tú puedes parafrasear y decir: ”así que estás preocupado por la demora en los resultados”

Con ello se sentirá más comprendido y lograrás que pase de hablar de hechos a hablar de emociones. Y esa es la clave de la empatía.

También puedes usar la confrontación ayudando a los demás a ver sus propias incongruencias emocionales. Por ejemplo: “estás disgustado porque quieres arreglar las cosas con tu compañero de trabajo, sin embargo, me dices que cuando trabajas con él sientes que te trata de forma despectiva”.

Acompaña tus mensajes siempre de un “entiendo”, “puedo hacerme cargo de...”, “supongo que en tu lugar debes pensar/sentir...”. Son fórmulas verbales que transmiten al otro que te estas poniendo en su lugar.

6.- Practica durante varias veces al día la técnica de “sal de tus zapatos para ponerte en los de los demás”.

Busca personas con las que más difícil te resulte ser empático, comprenderlas, o entenderlas, que te generen más rechazo, y esfuérzate durante unos 15-20 minutos por entenderlos. Trata de buscar la intención positiva que hay detrás de toda acción y conducta (aunque a veces parezca que no lo hay), para el que la lleva a cabo.

7.- Sal de tus zapatos

Según este principio de la Programación NeuroLinguística cada persona realiza siempre la mejor conducta posible en función a los datos de los que dispone (sus creencias, sus valores, la realidad en la que opera, sus experiencias, su educación, sus principios, sus hábitos).

Un ejemplo de conducta que podría se calificada como negativa por muchos, es el aislamiento social deliberado. No salir de la casa por miedo, durante una larga temporada, puede parecer obsesivo y enfermizo para algunas personas, sin embargo, la intención positiva que está detrás para esa persona es protegerse del mundo externo que la amenaza en forma real o imaginaria.

Por lo tanto la conducta absurda, para algunos, es valiosa para esa persona. Ponte a lo largo del día en los zapatos de varias personas, busca su intención positiva, comprende su situación, sus miedos, las emociones que experimentan, sus luchas internas. Al cabo de un mes te sorprenderás a ti mismo haciéndolo de forma casi inconsciente.¡Habrás logrado mejorar tu empatía!

Atentos profesores, psicólogos, psicopedagogos, orientadores, agentes de la educación, padres y apoderados. Los invitamos en estas vacaciones de invierno a vivir una experiencia lúdica para el desarrollo de habilidades del siglo XXI a través del juego #classofzombies, este 24 de julio 2018 en tres horarios 9 a 12 o de 15 a 18 o de 19 a 22 hrs. Valor por persona $29.000.- Inscripciones y pago aqui http://bit.ly/2KmA5hX
El taller será co facilitado por nuestra coach asociada Laura Retamales y Javier Russo *preguntar por descuentos por inscripción grupal, cupos limitados. El taller se realizará en Román Díaz 55 Providencia. A dos cuadras del metro Manuel Montt.

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Nuestros pensamientos influyen en nuestra actitud y, por tanto, en nuestros resultados y calidad de vida.

Si nuestros pensamientos negativos son los que predominan en nuestro día a día, esto solo nos perjudicará.

A continuación algunos de esos pensamientos.

 

1. Pensar que puedes cambiar a otras personas

Muchas veces creemos que podemos cambiar a los otros. Craso error.  Tú puedes ayudar a cambiar a alguien que esté dispuesto a hacerlo, pero quien no quiere cambiar o ni siquiera es consciente de que puede hacerlo no va a hacerlo por más que tú te insistas. Es difícil de asumir pero hay que aceptar a las personas exactamente como son y ayudarlas en lo que te pidan o servirles de inspiración cambiando tú para que encuentren esa motivación.

Si no te ves capaz de aceptar a una persona como es, quizás tengas que replantearte la relación o cambiar tú a ver qué sucede… lo que por lo demás requiere esfuerzo y por ende no es nada fácil…

 

2. Pensar que eres una víctima

O sea, reclamar por todo y echarle la culpa a los demás o a las circunstancias. Puede que no te guste lo que te está pasando, pero culpar a los demás no va a solucionar nada. Es hora de hacerte responsable de tu vida y de tus decisiones, y de poner manos a la obra para hacer los cambios que de verdad quieres. Y no, no es fácil. Ni para ti ni para nadie.

 

3. Pensar que las cosas son siempre mejores o más fáciles o… para los demás.

Esto también es muy típico. Es que tú has tenido mucha suerte, es que como fulanita es más atractiva, es que ese tipo se le ha hecho más fácil porque tiene más dinero, es que…

Las personas que han conseguido lo que quieren no la han tenido fácil. Todo cuesta y da igual que seas más rico, más linda, más inteligente, más delgada, etc. Cada situación tiene sus pros y sus contras, unas cosas te resultarán más fáciles y otras más difíciles. Una persona linda quizás consiga antes un trabajo (por decir algo) pero luego la subestimen porque es demasiado linda.

Cada uno tiene sus problemas y sus circunstancias y, en general, el que llega alto es porque ha trabajado mucho, ha tomado decisiones, se ha arriesgado y no se ha quedado de brazos cruzados. Por eso encuentras gente de todo tipo con éxito 

Así que no te engañes, deja de pensar en lo “fácil” que lo tienen los demás y si de verdad quieres algo ponte “manos a la obra”.

 

4. Resistirte a la realidad.

Hay muchas cosas que puedes cambiar: puedes mejorar tu aspecto físico, cambiar de trabajo, aprender algo nuevo, etc. Pero también hay cosas que no puedes cambiar: no puedes cambiar que tu jefe no sea como tú quieras, no puedes cambiar que vaya a llover, o tener que pagar los impuestos…

Hay muchas cosas que tú directamente no puedes cambiar, pero puedes aceptarlas en vez de resistirte y eso hará que estés más relajada y que puedas tomar mejores decisiones al respecto.

Resistirse a algo es muy frustrante y te puede hacer muy infeliz. Tienes dos opciones: aceptarlo y seguir adelante, o cambiar (tú o tus circunstancias).

Y no, no es fácil, pero merece la pena aprender e intentarlo porque el efecto en tu salud física y mental se notará.

 

5. Preocuparte por lo que piensan otras personas

Somos humanos, y en general buscamos la aporbación de los otros, así es la vida. Pero una cosa es aceptar que te preocupe y otra muy distinta dejar que limite tu vida.  Lo que está claro es que esa preocupación o necesidad de aprobación no te debe detener. La aceptas y sigues adelante.

 

6.  Pensar que solo hay una cosa buena o correcta y el resto ya no lo son

Esto es algo que poca gente se ha parado a pensar, es como el tema de encontrar tu vocación. Parece que o tienes clarísima tu profesión ideal o vas a ser infeliz el resto de tu vida. Y solo hay una opción válida, buena, correcta, el resto no te conviene o no merece la pena.

La realidad es que puedes ser feliz de distintas maneras y que hay muchas opciones perfectamente válidas para ti. Pensar que hay solo una cosa es estresante y deprimente, entras en la angustia de “la vida pasa y no he encontrado ESO que me hará feliz de aquí al resto de mis días”.  Pues puedes ser feliz con distintas opciones y puede que lo que te ha hecho feliz hasta ahora no lo haga en un futuro.

Y no pasa nada, es normal, ley de vida. Es cuestión de averiguar qué opciones tienes y elegir la que mejor se ajuste a tus circunstancias, prioridades y valores actuales. Tardarás más o menos, puede que necesites ayuda para encontrar tus opciones; pero ten claro que no hay UNA SOLA COSA perfecta, hay opciones y tú eliges.

 

7. Pensar que tu pasado determina tu futuro

Que hayas cometido un error en el pasado no quier decir que tu vida se haya acabado para siempre y que no puedas hacer las cosas de otra forma. El pasado, pasado está y siempre tienes la oportunidad y el derecho de empezar de nuevo. La tuviste ayer, la tienes hoy y la tendrás mañana. Como casi todo en esta vida, es tu elección…

 

En resumen, como seres humanostenemos altos y bajos y que ciertas circunstancias o personas pueden desencadenar especialmente este tipo de pensamientos. La cuestión es ir dándote cuenta para poder cambiarlos poco a poco. Porque la realidad es que pueden afectar mucho tu calidad de vida, tu felicidad, tus logros y cualquier cosa que puedas hacer para sentirte realizado y más satisfecho siempre valdrá la pena.

07 May 2018 Blog

Luditools

Luditools primer game camp para jugar en serio, www.luditools.cl un encuentro de coaches, facilitadores, consultores, personas de RRHH, etc. que utilizan metodologías lúdicas en su quehacer y procesos de Gamificación y en el que participará nuestra coach Laura Retamales No se lo pierdan, será el 1, 2 y 3 de junio 2018 en cajón del maipo Chile. Aprovechen precio rebajado hasta este miércoles 9 de mayo. Nos vemos!

Nueva entrevista que hiciera el diario La Tercera a Crisálida Coaching a través de nuestra coach asociada, Lucía Canteros, "Cómo liderar los procesos de cambio en las organizaciones". Los invitamos a leerla:

http://edition.pagesuite.com/html5/reader/production/default.aspx?pubname=&pubid=489948bc-3f78-45f6-8b6e-2e9627bcae0d

 

 

 

 

Muchos jóvenes terminan el colegio sin saber que quieren estudiar, a lo que muchas veces se suma una falta de conocimiento y ansiedad que posiblemente concluirán en una equivocada toma de decisiones.

 

Según datos entregados en el “Barómetro del aseguramiento de la calidad de la educación superior” de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), existen 4.236 carreras de pregrado en el país. Sin duda un gran número que dificulta aún más la decisión de que carrera elegir.

 

Del gran número de carreras existentes, muchas de ellas se desconocen así como en muchos casos existe presión familiar y social por rendir y escoger bien la carrera que en general está asociada al factor económico y al estatus social. 

 

A esto se suma la falta en muchos casos de un autoconocimiento (los jóvenes desconocen o minimizan sus habilidades, intereses, puntos fuertes y valores) que les permita conocer que quieren hacer de su futuro laboral.  Así como tampoco indagan acerca del campo laboral, el factor económico y otros elementos. Esto hace que sus decisiones sean muchas veces inciertas y poco elaboradas.

 

Es en este punto donde el conocimiento que tenga el joven de sí mismo cobra más fuerza y sentido. Es importante hacerse preguntas como: ¿qué me gusta hacer?, ¿dónde me gustaría trabajar?, ¿cuáles son mis habilidades y fortalezas? y fundamentalmente, ¿cuál es mi proyecto de vida? El proyectarse es primordial para vencer los problemas que se presenten durante los estudios.

Si te gustaría descubrir que quieres estudiar, y quisieras recibir un acompañamiento personalizado envíanos un WhatsApp aquí: https://bit.ly/2HH0EAc

 

¿Sabías que 3 de cada 10 estudiantes de educación superior abandonan sus estudios al primer año? (fuente: Mineduc)

¿Sabías que casi la mitad de los profesionales chilenos no trabaja en lo que estudió? (fuente: trabajando.com)

Y ¿sabías que el 30% de quienes se encuentran en la adultez intermedia (35 a 50 años) se manifiestan insatisfechos con su trabajo?

 

La causa principal que explica esta elevada tasa es haber errado la elección del camino profesional a seguir por desconocimiento de la vocación, los talentos y habilidades así como las opciones y alternativas académicas existentes.    

Si sumamos que el costo económico de una carrera por año puede llegar a superar los 7 millones de pesos, darse cuenta tarde que la opción escogida no era la correcta puede llevar a serios perjuicios económicos, emocionales y familiares... sobre todo en personas adultas que siguen por obligación un camino totalmente distinto a su verdadera vocación.

Esta situación se puede prevenir o solucionar, nunca es tarde para descubrir tu verdadero potencial.

Muchos jóvenes viven una crisis vocacional y no saben que estudiar optando por carreras porque el amigo elige esa carrera, o bien es lo que los padres le aconsejaron, o elige qué estudiar con escasa información sobre la carrera que le atrae, o quiere algo fácil, o muchas otras razones equivocadas…

Es así como nace en mí la inquietud de ayudar a los jóvenes que se enfrentan a decidir cuál será su futuro profesional.

Para ello, durante más de 4 años he ido construyendo muy seriamente una sólida metodología que facilite a los jóvenes (y no tan jóvenes, si fuera el caso) el autoconocimiento como un aprendizaje fundamental para descubrir quienes son, que los moviliza, que les gusta e interesa, para qué son “buenos”. Y a partir de este valioso aprendizaje, identificar las áreas ocupacionales que les hagan sentido conforme descubren quienes son para finalmente identificar las carreras más afines a sus talentos, fortalezas, intereses, habilidades, personalidad y valores, y además conocer y entender cuál es el campo laboral de tales carreras.

Desde mi experiencia, todo este proceso ha sido virtuoso pues ha beneficiado a muchos jóvenes que no sabían qué estudiar, o que habían equivocado su rumbo estudiando, o incluso ejerciendo, carreras que no les hacían sentido en su vida. 

Saber que estudiar trae consigo una mejor calidad de vida para las familias angustiadas por su hij@ indecis@, o para el propio hij@ liberad@ de su ansiedad o miedo a no encontrar la carrera correcta para desarrollarse profesionalmente. Se suma a esto, el ahorro de tiempo al escoger adecuadamente y no tener que asistir a clases durante todo un semestre o un año (a veces varios) para concluir que no nos gusta la carrera o no responde a nuestras expectativas. Y así también, ahorrarse el costo elevado que significa para el presupuesto familiar el financiamiento de una carrera técnica o profesional. 

 

Si tú estás pasando por una crisis vocacional o tu hijo(a) lo está, llámanos: https://bit.ly/2HH0EAc

O si piensas que este contenido le puede servir a alguien, por favor compártelo. 

 

 

 


La vida tiene altos y bajos y no siempre se pueden sortear, pero sí podemos cambiar lo que sentimos. Entrenar otra forma de pensar es el primer paso para conseguirlo

Hoy día es indiscutible la relación estrecha y dependiente que existe entre nuestra mente, emociones, conductas y la salud física. Se influyen y afectan de forma bidireccional. Situaciones como el dolor crónico, la falta de trabajo, una ruptura sentimental, hacer fila en el banco o el mismo tráfico generan en nosotros pensamientos negativos, incluso catastróficos: “Estoy harto, no puedo más”, “Este dolor me limita y no puedo hacer nada, se me quitan hasta las ganas de vivir”, y un largo etc. La mente puede ser nuestra principal aliada, pero también nuestra mayor rival.
Las personas suelen culpar y maldecir al entorno, a lo que ocurre a su alrededor, porque lo identifican como el causante de su malestar y sufrimiento. Pero ¿lo de fuera le genera malestar, o son sus interpretaciones sobre lo que ocurre a su alrededor lo que condiciona sus emociones?

Nuestros pensamientos influyen en nuestros comportamientos y nuestras emociones. Dependiendo de la corriente psicológica o el profesional al que lea o visite, los tachará de pensamientos negativos, catastróficos, limitantes, destructivos o inútiles. Qué más da el concepto. Lo que importa es el poder que tienen para influenciarnos, tanto positiva como negativamente.

Ahí van dos buenas noticias. La primera: tú eres en gran parte el responsable de lo que sientes. No es el entorno el que le genera ansiedad, sino la interpretación que usted hace del entorno. Esto te responsabiliza y también te permite controlar y actuar sobre lo que sientes. Muchos querrían desligarse de todo y seguir echando la culpa de su malestar a la sociedad y a lo mal que está todo. Pero esta opción te limita y te deja sin recursos.

La segunda buena noticia es que puedes modificar tu estilo cognitivo en el momento en el que decidas entrenar otra forma de pensar. Cientos de miles de personas consiguen preparar y acabar un maratón a pesar de lo dura que es esta prueba. Pero cuando hablamos de modificar lo relacionado con la mente, lo asociamos enseguida a dificultad, a falta de fuerza de voluntad y a nuestra forma de ser, y cuestionamos la posibilidad de cambio. 

Sigue estos consejos para poner el pensamiento a raya.
Olvida la idea de convertirte en una persona superpositiva y superoptimista. El mundo no es de color rosa, pero tampoco un lugar negro y hostil. Se trata de buscar la utilidad de lo que piensas. Los pensamientos y las emociones son útiles cuando nos permiten resolver lo que nos preocupa e inútiles cuando no podemos hacer nada por aliviarnos. Confía y delega, y permite que al hacerlo los demás actúen con autonomía. El exceso de control genera ansiedad. Cuando delegas aquello de lo que no se puede responsabilizar, imagine un interruptor en la mente y póngalo en desconectado cada vez que aparezca de nuevo la preocupación. Dejar de prestar atención a lo inútil no es irresponsable. Todo lo contrario, permite que esté en el presente. Lo que sí es irresponsable es tener una reunión de trabajo y que tu mente dé vueltas a un problema que no puede resolver por más que quiera y que ese estado impida concentrarse en lo único que puede atender: la reunión.

Escribe. No se trata de desconfiar de la memoria, pero para facilitarte el cambio de pensamiento necesitas hacerte el hábito de escribir aquello que deseas pensar. Escribir es una conducta organizada y facilita el aprendizaje. ¿Recuerdas cómo aprendiste a hacerlo sin faltas de ortografía? A base de repetición. La profesora detectaba una falta y tú la repetías en tu cuaderno 10 veces. No aprendiste a escribir correctamente simplemente pensando en que tenías que hacerlo. Necesitaste un proceso. El mismo que requieres ahora para modificar tu estilo cognitivo.

Deja de rumiar. Dar muchas vueltas a tus preocupaciones es el problema, no la solución. Rumba buscando argumentos que te dejen tranquilo, esperando encontrar esa idea brillante con la que calmar tus emociones. Pero nuestro cerebro no se apacigua dándole vueltas a ideas no controlables. En lugar de tanta vuelta, piensa en soluciones. En vez de centrarse en “¿por qué me ha pasado esto a mí?”, lleva tu energía a “¿qué tengo que hacer, cómo me puedo implicar para encontrar una solución?”. Piensa siempre en sumar.

No lo racionalices todo, porque no todo tiene un razonamiento lógico. La vida es matemáticas, ciencia, pero también intuición y sensaciones. Aprende a vivir con un grado de incertidumbre y a tomar decisiones con un poquito de riesgo. Considera el error como parte del juego. Genera tranquilidad la idea de que puedes equivocarte y que, en el caso de fallar, buscarás soluciones para volver a intentarlo. Generarte presión con ser perfecto incrementará tu nivel de miedo y ansiedad, y con ello, los errores. Y eso es lo que deseas evitar.

Acepta lo que no dependa de ti. Los discursos internos relacionados con lo injusta que es la vida y con lo que no te mereces pero te ha tocado vivir solo te llevan a sentirte desgraciado. Todos hemos vivido alguna vez el lado injusto de la vida. Su existencia tiene problemas y tiene momentos maravillosos. Pero el victimismo, la falta de recursos o la baja autoestima pueden provocar que atiendas, hables y pienses más en lo que no funciona que en lo que va bien. Cambia tu visión y tu discurso. No metas el dedo en la llaga, sobre todo con el pasado. Acepta. Aceptar no es resignarse.

Quita valor a lo que no lo tiene. Si cada preocupación se convierte en una batalla personal, estarás combatiendo día y noche. Tú y tu escala de valores son los que deben decidir si es importante o no. No busques soluciones por las noches. Tendemos a ver todo de forma mucho más catastrófica. Las noches son para dormir, no para resolver dilemas.

Anticipa lo que puede ocurrir de forma negativa no te protege. Muchas veces anticipamos lo que no depende de nosotros: “Seguro que el profesor pone un examen demasiado difícil”, “No me inspira ninguna confianza este partido, el rival lo va a dar todo”. Muchos de tus miedos tratan sobre un futuro que no va a suceder. Al final, no todo termina saliendo bien, pero sí es cierto que no es tan trágico como habías pronosticado. Te has dedicado a sufrir por situaciones que no pasarán o que, si ocurren, no serán tan tremendas como imaginas. El miedo anticipatorio solo aumenta tu nivel de ansiedad y preocupación. Te impide estar pendiente de lo que sí funciona y te genera la sensación de vivir en un mundo amenazante. Cuando esto ocurra, reemplaza tu miedo al futuro por un simple “bien, pudiera ser, lo que tenga que ser será”.

Ríete de lo que piensas. ¡Qué absurdas nos parecen algunas de las ideas pasadas! Prueba a hacer el ejercicio de ver la parte cómica en el momento real. Apreciar el lado humorístico te da control sobre tus preocupaciones y emociones. El humor también se entrena. No lo descartes por no ser hábil ni ágil con él. Ve películas cómicas, habla con personas que se ríen de sí mismas y comprobarás que pronto se te contagia.

Reta a tus miedos. “Pero tú, insignificante, ¿acaso vas a poder conmigo?”. Hablarle en este tono a tus miedos hará que te sientas superior a ellos.

No tengas conversaciones absurdas con tus pensamientos. No te enredes en ellos. Tus pensamientos negativos son rabietas que buscan tu atención, y como te sientes angustiado, los tomas en cuenta. Contémplalos como si no tuvieran que ver contigo. Déjalos estar en tu mente, como quien acepta una peca en el brazo. Si no los escuchas, dejarán de darte la lata. Cuando aparezcan, diles: “Gracias, mente”, y lleve su foco de atención a otro lugar.

Recuerda, no puedes “no tener pensamientos” por mucho que te atormenten. Lo que sí puedes es elegir otros. Como dicen en la película El guerrero pacífico, “la vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas”.
Fuente: El País

 

Los expertos han demostrado que la forma más eficaz, rápida y fácil de vivir con alegría es siendo amables con los demás. Y para ello tenemos muchas y variadas oportunidades de ser amables durante el día: con el conductor de la micro (que dicho sea de paso nadie (o casi nadie) lo saluda), con la persona que vas en el ascensor, con la persona que te cruzas en una cafetería o en tu barrio, o con el guardia de seguridad de la empresa donde trabajas.

Hay un mecanismo que tenemos todos los seres humanos que es indiscutible: haces algo bueno y te sientes bien, es innegable. Todo el mundo que ha hecho una labor de voluntariado, sabe que es muy gratificante, porque haces algo por los demás, ese mecanismo lo tenemos.

Al igual que hay muchas personas en nuestra sociedad que son pobres materialmente, económicamente, hay muchísimas más personas que viven bajo el umbral de la pobreza en términos de afecto y amabilidad.

Entonces puedes poner en práctica ese mecanismo que tienes dentro de ti y que puedes probar la próxima vez cuando vayas a la cafetería y le digas al camarero antes de retirarte que: “estaba espectacular su café”.

La psicología positiva propone jugar a ser amable con los demás. Cuando eres amable te cambia el carácter, eres más alegre. Y es que además de estar uno más alegre, los demás también lo están, y se agrega a esto que se amable es gratis, no cuesta nada. Ser amable tiene otra ventaja más, que es enorme y que es que te obliga a intentar ser la mejor persona que puedes llegar a ser.

Cuando quieres ser amable, a veces tienes que escuchar a las personas, a veces tienes que acompañarlas o a veces simplemente tienes que estar con ellas. Para ser amable, hay que desarrollar la paciencia, hay que ser generoso.

Cuando intentas ser amable estás luchando para ser buena persona, para ser lo mejor que puedes llegar a ser.

Una sociedad rica no es rica porque tenga petróleo debajo de sus piedras. Una sociedad es rica, por la calidad humana de sus personas. De ahí viene la riqueza de la sociedad, es la calidad humana, y la calidad humana tiene que ver con personas educadas, con personas amables.

Es decir, necesitamos personas, necesitamos futuras generaciones que cambien la sociedad, y esto se cambia con educación. La educación es cuando alguien utiliza un “por favor” o un “gracias”, que son dos palabras que están quedándose fuera del diccionario y que pronto sino hacemos algo quedarán en el olvido.

Por ello los invitamos a ser amables, no cuesta nada, es gratis y enriquece nuestro día, nuestra vida y la de los demás.

Equipo Crisálida Coaching

 

www.crisalidacoaching.cl

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