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Nueva entrevista que hiciera el diario La Tercera a Crisálida Coaching a través de nuestra coach asociada, Lucía Canteros, "Cómo liderar los procesos de cambio en las organizaciones". Los invitamos a leerla:

http://edition.pagesuite.com/html5/reader/production/default.aspx?pubname=&pubid=489948bc-3f78-45f6-8b6e-2e9627bcae0d

 

 

 

 

Read more Modificado por última vez en Viernes, 04 May 2018 21:01
29 April 2018 Publicado en Blog Escrito por

¡Antes de elegir tu futuro profesional, lee esto! Destacado

Muchos jóvenes terminan el colegio sin saber que quieren estudiar, a lo que muchas veces se suma una falta de conocimiento y ansiedad que posiblemente concluirán en una equivocada toma de decisiones.

 

Según datos entregados en el “Barómetro del aseguramiento de la calidad de la educación superior” de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), existen 4.236 carreras de pregrado en el país. Sin duda un gran número que dificulta aún más la decisión de que carrera elegir.

 

Del gran número de carreras existentes, muchas de ellas se desconocen así como en muchos casos existe presión familiar y social por rendir y escoger bien la carrera que en general está asociada al factor económico y al estatus social. 

 

A esto se suma la falta en muchos casos de un autoconocimiento (los jóvenes desconocen o minimizan sus habilidades, intereses, puntos fuertes y valores) que les permita conocer que quieren hacer de su futuro laboral.  Así como tampoco indagan acerca del campo laboral, el factor económico y otros elementos. Esto hace que sus decisiones sean muchas veces inciertas y poco elaboradas.

 

Es en este punto donde el conocimiento que tenga el joven de sí mismo cobra más fuerza y sentido. Es importante hacerse preguntas como: ¿qué me gusta hacer?, ¿dónde me gustaría trabajar?, ¿cuáles son mis habilidades y fortalezas? y fundamentalmente, ¿cuál es mi proyecto de vida? El proyectarse es primordial para vencer los problemas que se presenten durante los estudios.

Si te gustaría descubrir que quieres estudiar, y quisieras recibir un acompañamiento personalizado envíanos un WhatsApp aquí: https://bit.ly/2HH0EAc

 

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21 April 2018 Publicado en Blog Escrito por

¿Obligación o Vocación? Destacado

¿Sabías que 3 de cada 10 estudiantes de educación superior abandonan sus estudios al primer año? (fuente: Mineduc)

¿Sabías que casi la mitad de los profesionales chilenos no trabaja en lo que estudió? (fuente: trabajando.com)

Y ¿sabías que el 30% de quienes se encuentran en la adultez intermedia (35 a 50 años) se manifiestan insatisfechos con su trabajo?

 

La causa principal que explica esta elevada tasa es haber errado la elección del camino profesional a seguir por desconocimiento de la vocación, los talentos y habilidades así como las opciones y alternativas académicas existentes.    

Si sumamos que el costo económico de una carrera por año puede llegar a superar los 7 millones de pesos, darse cuenta tarde que la opción escogida no era la correcta puede llevar a serios perjuicios económicos, emocionales y familiares... sobre todo en personas adultas que siguen por obligación un camino totalmente distinto a su verdadera vocación.

Esta situación se puede prevenir o solucionar, nunca es tarde para descubrir tu verdadero potencial.

Muchos jóvenes viven una crisis vocacional y no saben que estudiar optando por carreras porque el amigo elige esa carrera, o bien es lo que los padres le aconsejaron, o elige qué estudiar con escasa información sobre la carrera que le atrae, o quiere algo fácil, o muchas otras razones equivocadas…

Es así como nace en mí la inquietud de ayudar a los jóvenes que se enfrentan a decidir cuál será su futuro profesional.

Para ello, durante más de 4 años he ido construyendo muy seriamente una sólida metodología que facilite a los jóvenes (y no tan jóvenes, si fuera el caso) el autoconocimiento como un aprendizaje fundamental para descubrir quienes son, que los moviliza, que les gusta e interesa, para qué son “buenos”. Y a partir de este valioso aprendizaje, identificar las áreas ocupacionales que les hagan sentido conforme descubren quienes son para finalmente identificar las carreras más afines a sus talentos, fortalezas, intereses, habilidades, personalidad y valores, y además conocer y entender cuál es el campo laboral de tales carreras.

Desde mi experiencia, todo este proceso ha sido virtuoso pues ha beneficiado a muchos jóvenes que no sabían qué estudiar, o que habían equivocado su rumbo estudiando, o incluso ejerciendo, carreras que no les hacían sentido en su vida. 

Saber que estudiar trae consigo una mejor calidad de vida para las familias angustiadas por su hij@ indecis@, o para el propio hij@ liberad@ de su ansiedad o miedo a no encontrar la carrera correcta para desarrollarse profesionalmente. Se suma a esto, el ahorro de tiempo al escoger adecuadamente y no tener que asistir a clases durante todo un semestre o un año (a veces varios) para concluir que no nos gusta la carrera o no responde a nuestras expectativas. Y así también, ahorrarse el costo elevado que significa para el presupuesto familiar el financiamiento de una carrera técnica o profesional. 

 

Si tú estás pasando por una crisis vocacional o tu hijo(a) lo está, llámanos: https://bit.ly/2HH0EAc

O si piensas que este contenido le puede servir a alguien, por favor compártelo. 

 

 

 

Read more Modificado por última vez en Lunes, 23 April 2018 01:58
19 March 2018 Publicado en Blog Escrito por

SOMOS LO QUE PENSAMOS


La vida tiene altos y bajos y no siempre se pueden sortear, pero sí podemos cambiar lo que sentimos. Entrenar otra forma de pensar es el primer paso para conseguirlo

Hoy día es indiscutible la relación estrecha y dependiente que existe entre nuestra mente, emociones, conductas y la salud física. Se influyen y afectan de forma bidireccional. Situaciones como el dolor crónico, la falta de trabajo, una ruptura sentimental, hacer fila en el banco o el mismo tráfico generan en nosotros pensamientos negativos, incluso catastróficos: “Estoy harto, no puedo más”, “Este dolor me limita y no puedo hacer nada, se me quitan hasta las ganas de vivir”, y un largo etc. La mente puede ser nuestra principal aliada, pero también nuestra mayor rival.
Las personas suelen culpar y maldecir al entorno, a lo que ocurre a su alrededor, porque lo identifican como el causante de su malestar y sufrimiento. Pero ¿lo de fuera le genera malestar, o son sus interpretaciones sobre lo que ocurre a su alrededor lo que condiciona sus emociones?

Nuestros pensamientos influyen en nuestros comportamientos y nuestras emociones. Dependiendo de la corriente psicológica o el profesional al que lea o visite, los tachará de pensamientos negativos, catastróficos, limitantes, destructivos o inútiles. Qué más da el concepto. Lo que importa es el poder que tienen para influenciarnos, tanto positiva como negativamente.

Ahí van dos buenas noticias. La primera: tú eres en gran parte el responsable de lo que sientes. No es el entorno el que le genera ansiedad, sino la interpretación que usted hace del entorno. Esto te responsabiliza y también te permite controlar y actuar sobre lo que sientes. Muchos querrían desligarse de todo y seguir echando la culpa de su malestar a la sociedad y a lo mal que está todo. Pero esta opción te limita y te deja sin recursos.

La segunda buena noticia es que puedes modificar tu estilo cognitivo en el momento en el que decidas entrenar otra forma de pensar. Cientos de miles de personas consiguen preparar y acabar un maratón a pesar de lo dura que es esta prueba. Pero cuando hablamos de modificar lo relacionado con la mente, lo asociamos enseguida a dificultad, a falta de fuerza de voluntad y a nuestra forma de ser, y cuestionamos la posibilidad de cambio. 

Sigue estos consejos para poner el pensamiento a raya.
Olvida la idea de convertirte en una persona superpositiva y superoptimista. El mundo no es de color rosa, pero tampoco un lugar negro y hostil. Se trata de buscar la utilidad de lo que piensas. Los pensamientos y las emociones son útiles cuando nos permiten resolver lo que nos preocupa e inútiles cuando no podemos hacer nada por aliviarnos. Confía y delega, y permite que al hacerlo los demás actúen con autonomía. El exceso de control genera ansiedad. Cuando delegas aquello de lo que no se puede responsabilizar, imagine un interruptor en la mente y póngalo en desconectado cada vez que aparezca de nuevo la preocupación. Dejar de prestar atención a lo inútil no es irresponsable. Todo lo contrario, permite que esté en el presente. Lo que sí es irresponsable es tener una reunión de trabajo y que tu mente dé vueltas a un problema que no puede resolver por más que quiera y que ese estado impida concentrarse en lo único que puede atender: la reunión.

Escribe. No se trata de desconfiar de la memoria, pero para facilitarte el cambio de pensamiento necesitas hacerte el hábito de escribir aquello que deseas pensar. Escribir es una conducta organizada y facilita el aprendizaje. ¿Recuerdas cómo aprendiste a hacerlo sin faltas de ortografía? A base de repetición. La profesora detectaba una falta y tú la repetías en tu cuaderno 10 veces. No aprendiste a escribir correctamente simplemente pensando en que tenías que hacerlo. Necesitaste un proceso. El mismo que requieres ahora para modificar tu estilo cognitivo.

Deja de rumiar. Dar muchas vueltas a tus preocupaciones es el problema, no la solución. Rumba buscando argumentos que te dejen tranquilo, esperando encontrar esa idea brillante con la que calmar tus emociones. Pero nuestro cerebro no se apacigua dándole vueltas a ideas no controlables. En lugar de tanta vuelta, piensa en soluciones. En vez de centrarse en “¿por qué me ha pasado esto a mí?”, lleva tu energía a “¿qué tengo que hacer, cómo me puedo implicar para encontrar una solución?”. Piensa siempre en sumar.

No lo racionalices todo, porque no todo tiene un razonamiento lógico. La vida es matemáticas, ciencia, pero también intuición y sensaciones. Aprende a vivir con un grado de incertidumbre y a tomar decisiones con un poquito de riesgo. Considera el error como parte del juego. Genera tranquilidad la idea de que puedes equivocarte y que, en el caso de fallar, buscarás soluciones para volver a intentarlo. Generarte presión con ser perfecto incrementará tu nivel de miedo y ansiedad, y con ello, los errores. Y eso es lo que deseas evitar.

Acepta lo que no dependa de ti. Los discursos internos relacionados con lo injusta que es la vida y con lo que no te mereces pero te ha tocado vivir solo te llevan a sentirte desgraciado. Todos hemos vivido alguna vez el lado injusto de la vida. Su existencia tiene problemas y tiene momentos maravillosos. Pero el victimismo, la falta de recursos o la baja autoestima pueden provocar que atiendas, hables y pienses más en lo que no funciona que en lo que va bien. Cambia tu visión y tu discurso. No metas el dedo en la llaga, sobre todo con el pasado. Acepta. Aceptar no es resignarse.

Quita valor a lo que no lo tiene. Si cada preocupación se convierte en una batalla personal, estarás combatiendo día y noche. Tú y tu escala de valores son los que deben decidir si es importante o no. No busques soluciones por las noches. Tendemos a ver todo de forma mucho más catastrófica. Las noches son para dormir, no para resolver dilemas.

Anticipa lo que puede ocurrir de forma negativa no te protege. Muchas veces anticipamos lo que no depende de nosotros: “Seguro que el profesor pone un examen demasiado difícil”, “No me inspira ninguna confianza este partido, el rival lo va a dar todo”. Muchos de tus miedos tratan sobre un futuro que no va a suceder. Al final, no todo termina saliendo bien, pero sí es cierto que no es tan trágico como habías pronosticado. Te has dedicado a sufrir por situaciones que no pasarán o que, si ocurren, no serán tan tremendas como imaginas. El miedo anticipatorio solo aumenta tu nivel de ansiedad y preocupación. Te impide estar pendiente de lo que sí funciona y te genera la sensación de vivir en un mundo amenazante. Cuando esto ocurra, reemplaza tu miedo al futuro por un simple “bien, pudiera ser, lo que tenga que ser será”.

Ríete de lo que piensas. ¡Qué absurdas nos parecen algunas de las ideas pasadas! Prueba a hacer el ejercicio de ver la parte cómica en el momento real. Apreciar el lado humorístico te da control sobre tus preocupaciones y emociones. El humor también se entrena. No lo descartes por no ser hábil ni ágil con él. Ve películas cómicas, habla con personas que se ríen de sí mismas y comprobarás que pronto se te contagia.

Reta a tus miedos. “Pero tú, insignificante, ¿acaso vas a poder conmigo?”. Hablarle en este tono a tus miedos hará que te sientas superior a ellos.

No tengas conversaciones absurdas con tus pensamientos. No te enredes en ellos. Tus pensamientos negativos son rabietas que buscan tu atención, y como te sientes angustiado, los tomas en cuenta. Contémplalos como si no tuvieran que ver contigo. Déjalos estar en tu mente, como quien acepta una peca en el brazo. Si no los escuchas, dejarán de darte la lata. Cuando aparezcan, diles: “Gracias, mente”, y lleve su foco de atención a otro lugar.

Recuerda, no puedes “no tener pensamientos” por mucho que te atormenten. Lo que sí puedes es elegir otros. Como dicen en la película El guerrero pacífico, “la vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas”.
Fuente: El País

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